El ecoturismo ayudaría a conservar las áreas protegidas de República Dominicana

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La carretera es pedregosa y las zanjas hechas por las aguas de la lluvia dibujan el camino. Llegar se torna lento y difícil, pero lo compensa, mientras se asciende, una vista panorámica a los bosques del área y al pequeño valle utilizado para la agricultura.

Luego de dejar el municipio de Constanza, el vehículo se dirige hacia el parque nacional Valle Nuevo. Comienza el ascenso, que al inicio está adornado por la pobreza que al pie del camino vecinal muestran comunidades como “El Tanque”.

A medida que nos acercamos a Villa Pajón, un proyecto ecoturístico enclavado en el parque nacional, la temperatura desciende hasta los 24 grados centígrados, siendo cerca de las 11:00 de la mañana de un día de verano.

Valle Nuevo es una de las 128 áreas protegidas que registra República Dominicana en 2017. El año pasado las unidades de conservación fueron visitadas por 1,012,287 personas, 78.3% extranjeros y el resto nacionales, de acuerdo a datos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Las visitas a las zonas protegidas generaron en 2016, excluyendo noviembre y diciembre, RD$130.4 millones. El costo es de RD$100 por personas y para poder tomar fotografías o filmaciones comerciales (para lo cual se necesita permiso del Ministerio) además de pagar una tarifa desde RD$3,000.

El pasado mes de abril, Medio Ambiente anunció aumentos en las tarifas de entrada a las áreas protegidas, informando que las alzas más importantes fueron en las zonas más vulnerables (islas Saona y Catalina y Cayo Arena), cuyas entradas costarían entre RD$100 y RD$500, sobre todo para visitantes extranjeros. En tanto, los dominicanos tendrían tarifas preferenciales. Y agregaba que “están exentos de pago las visitas escolares, universitarias y de carácter educativo”.

Potencial del ecoturismo

“El potencial está y lo que necesita el sector turismo es que se creen las condiciones para aprovechar estas riquezas (las áreas protegidas) con proyectos elaborados con criterios de sostenibilidad e incorporando las comunidades del entorno”, reconoce el presidente de la Asociación de Hoteles y Turismo de República Dominicana (Asonahores).

Joel Santos, titular de la entidad, asegura que está convencido de que las extensas áreas protegidas, que representan el 27.79% del territorio nacional, son uno de los principales atributos para fortalecer la principal oferta turística del país, que es sol y playa.

“Ofrecen una oportunidad para diversificar nuestra oferta y conquistar importantes nichos de mercado, que generalmente tienen promedios de gastos superiores a los que registramos actualmente”, señala.

Sobrecarga

“Sería útil convocar un diálogo para establecer las bases para la comercialización y uso de las áreas protegidas. En una visita reciente al Ministerio de Medio Ambiente discutíamos con preocupación la cantidad de visitantes a la isla Saona, de manera particular”, critica.

Zonas como las islas Catalina y Saona y Cayo Arena están “extremadamente expuestas”, al grado de que en el último destino, algunos de los corales están comenzando a desaparecer y las especies que ahí habitan están confrontando dificultad, por lo cual ameritan una intervención que conlleva la erogación de recursos no presupuestados, denunciaba en una comunicación Medio Ambiente.

Y agregaba que otras áreas, con temporadas muy intensas de excursiones, como el Pico Duarte y el Salto de Limón, obligaron al Ministerio a tomar medidas a los fines de que se tengan los medios de contingencia para prevenir la degradación de esos ecosistemas.

Indica que en países organizados las áreas protegidas son visitadas de forma organizada y regulada. “Es por esto que entendemos que es posible hacerlo bajo un criterio de sostenibilidad, con un enfoque de inclusión de las comunidades involucradas en las áreas protegidas y la generación de los recursos necesarios para su conservación”, agrega.

El país tiene 12 áreas de protección estricta, de las cuales ocho son reservas científicas, dos santuarios de mamíferos marinos e igual cantidad de reserva biológica. De acuerdo a la Ley 202-04 Sectorial de Áreas Protegidas, son zonas que por su singularidad o rareza requieren de un manejo restringido.

Infraestructura

Aunque República Dominicana cuenta con áreas protegidas de gran potencial para el ecoturismo, llegar hasta ellas, alojarse y las facilidades para los visitantes es tarea pendiente.

El viceministro de Turismo, Luis Simó, entiende que para que haya desarrollo ecoturístico tiene que haber mayor coordinación entre ministerios que trabajan con infraestructuras.

“Yo hubiera podido llegar aquí (Valle Nuevo) con muchísimo menos tiempo, pero la carretera no está en las condiciones más adecuadas y el desarrollo de la infraestructura, con una visión de estándar internacional, no puede ser bajo ninguna condición subestimada”, critica Simó.

Cree que el alojamiento en las áres protegidas, los restaurantes, las áreas para ciclo vías, la señalización de los atractivos y los miradores son una parte vital.
“Pero también el sector privado local tiene que tener una marca y tiene que pensar que este escenario natural no puede desperdiciarse. El valor escénico de este lugar es impresionante, entonces no podemos venderlo barato”, puntualiza.

Asegura que el ecoturismo, el turismo de aventura tienen una característica “muy interesante” y es un segmento de mercado de altos ingresos. Explica que por lo general ese tipo de turismo lo hacen profesionales, con cierto nivel cultural e ingresos respetables, que en el caso de los estadounidenses puede andar por encima de los US$250 mil anual y en el de los europeos entre 180 mil y 240 mil euros.

Para el funcionario el problema del ecoturismo en el país no es la demanda, sino un mayor desarrollo de la oferta, pero creativa e innovadora. Cree que el país no ha utilizado ni siquiera un 10% de los recursos naturales para fines de ecoturismo.

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